Sugerir el camino, un precioso Don

En ocasiones el Auditor Interno es visto como un Juez acusador; por ello, requiere de discernimiento para brindar un consejo valioso, comprensible, relevante y lógico.

En el caso del profesional de la auditoría, aunque requiere de ciertos atributos para realizar de forma neutral su trabajo, en ocasiones se pudiese convertir en un juez que cuestiona; en un fiscal que acusa; en un investigador que busca la verdad; o, en algunos casos, es percibido como un personaje acechador.

Cuántas ocasiones tiene el auditor para dar a conocer lo que corre por sus venas: su sentir; sus deducciones basadas en las evidencias de lo estudiado; sus recomendaciones, que deben ser bien pensadas, analizadas e ir ligadas a la observación y a la causa del problema, pero que más aún deben ser fundamentadas para corregir el efecto negativo que podría estar causando y que lastimosamente no todas las veces son bien recibidas.

Recuerdas alguna ocasión en la que antes de discutir un informe en un área considerada por muchos dentro de la organización como un área difícil, en donde manteniendo la neutralidad durante la revisión del informe, hayas podido lograr convencer al cliente y llevarlo a pensar en el problema, viéndolo desde nuestro prisma y más aún llevarlo a que haga suya la recomendación, definitivamente no es tarea fácil. O por el contrario, que reciban con satisfacción el informe y luego en las labores de seguimiento concluyes que no han puesto en acción nada de lo que prometieron. Entonces cabe la pregunta: ¿Fueron nuestras observaciones y recomendaciones discutidas ampliamente con las partes involucradas?, ¿Estaban dirigidas a la raíz del problema de la compañía?.

Creo que en algún momento debes haber pasado por algo parecido. Es por ello lo importante de una postura clara, de la automotivación, pero también involucrando algo de lo cual poco se habla, la fe.

En cuantas ocasiones hemos pedido a nuestro ser supremo discernimiento y la capacidad para brindar a nuestros clientes un consejo valioso, que en el mejor de los casos, sea comprensible, relevante y lógico. Sin adornos ni redundancias, recomendaciones constructivas que lleven a la búsqueda de soluciones reales, alcanzables y provechosas. Que lleguen a la médula del problema en el momento oportuno y que permitan a tu organización acercarse a sus objetivos estratégicos.

Preparémonos de forma constante para hacer frente a los nuevos retos que demanda esta hermosa profesión; pero hagámoslo con dignidad, pureza y honor; portadores de un mensaje alcanzable y práctico, con la ayuda de nuestro equipo pero, sobre todo, con la ayuda de Dios.

 

David A. Giménez